Arrancar la tarde. Volver a abrir el correo por enésima vez hoy y encontrarme con esto:
Estimado
Miguel Ángel:
Agradezco
su contacto y la oportunidad de expresar mi opinión sobre el reportaje de El
Confidencial acerca de los perfiles de los socios directores de los principales
despachos españoles. No obstante, debo manifestarle con total franqueza que la
cuestión planteada (¿qué aspecto considero más relevante para liderar una firma
de élite?) me resulta absolutamente ajena a mi realidad profesional y, más
importante aún, a la de la inmensa mayoría de los abogados ejercientes en
España.
Permítame
exponerle por qué su pregunta, aunque bienintencionada desde la perspectiva
periodística, perpetúa una narrativa que invisibiliza y distorsiona la realidad
del ejercicio de la abogacía en nuestro país.
Soy
abogado autónomo, sin despacho físico, trabajando desde mi domicilio. Mi
situación no es excepcional ni marginal: representa el modelo profesional
mayoritario en España. Según datos del Consejo General de la Abogacía Española,
existen más de 160.000 abogados colegiados ejercientes, de los cuales una
proporción minoritaria trabaja en los denominados "despachos de
élite" que facturan cifras multimillonarias.
La
pregunta sobre "qué aspecto es más relevante para liderar una firma de
élite" presupone que aspirar a formar parte de esa cúspide constituye el
paradigma profesional deseable o, al menos, relevante para el colectivo. Esa
premisa es radicalmente falsa y resulta ofensiva para quienes ejercemos la
abogacía con dignidad, rigor y compromiso desde estructuras modestas o
unipersonales.
Mientras
los medios de comunicación dedican reportajes extensos a analizar las carreras
de los socios directores de los 22 bufetes que más facturan (preguntándose si
lo determinante es la formación internacional, la permanencia en la firma o la
experiencia en el extranjero), existe una realidad paralela, mayoritaria y
sistemáticamente silenciada que merece atención urgente:
Menos de 13.000 euros anuales y jornadas maratonianas sin
desconexión para los abogados jóvenes, esa es la realidad económica de miles de
letrados en ejercicio. Dramática. No hablamos de casos aislados, sino de una
situación estructural que afecta especialmente a (i) Abogados jóvenes en sus primeros años de ejercicio, que perciben
retribuciones que se sitúan por debajo del Salario Mínimo Interprofesional,
trabajando jornadas que superan sistemáticamente las 10-12 horas diarias.); (ii)
Abogados autónomos sin estructura de
despacho, (sometidos a la presión de la captación constante de clientes,
la morosidad generalizada, los impagos y la competencia desleal de plataformas
digitales y despachos sensacionalistas.); (iii) Letrados que ejercen el turno de oficio, cuyas retribuciones son
manifiestamente insuficientes y cuyo trabajo (esencial para garantizar el
derecho fundamental a la tutela judicial efectiva del artículo 24 de la
Constitución Española) se encuentra sistémicamente infravalorado.
Esta
realidad económica no solo afecta a la dignidad profesional, sino que
compromete la calidad del servicio que podemos ofrecer a nuestros clientes y,
en última instancia, el acceso real a la justicia de la ciudadanía.
Nadie puede ignorar las jornadas
maratonianas sin desconexión digital, una realidad que no afecta
exclusivamente a los grandes despachos (donde al menos pudiera existir cierta
compensación económica, triste consuelo…), sino también a los autónomos,
sometidos a la presión constante de la disponibilidad 24/7 por temor a perder
clientes.
La
ausencia de regulación efectiva sobre jornada laboral, descansos y desconexión
digital en el ejercicio liberal de la abogacía constituye una vulneración
sistemática de derechos laborales básicos que, paradójicamente, nosotros
defendemos para nuestros clientes pero que no podemos reivindicar para nosotros
mismos sin sufrir el estigma de ser considerados "poco comprometidos"
o "poco competitivos".
El 71% de los abogados ha sufrido algún tipo de
maltrato, descortesía o restricción en su trabajo. Esta cifra demoledora incluye:
- Violencia verbal y psicológica
por parte de jueces, fiscales, funcionarios judiciales y otros operadores
del sistema.
- Restricciones arbitrarias en
el ejercicio del derecho de defensa.
- Descortesías sistemáticas que
menoscaban la dignidad profesional.
- Amenazas de clientes
descontentos, de letrados contrarios e incluso de magistrados que abusan
de su posición.
Esta
realidad, nunca aparece en los reportajes sobre las "carreras de
éxito" en las grandes firmas. Sin embargo, constituye el día a día de
miles de letrados que ejercemos en juzgados de toda España.
Existe
una proliferación alarmante de despachos que emplean técnicas de publicidad engañosa, captación agresiva y promesas
irrealizables para captar clientes vulnerables.
Estos despachos sensacionalistas prometen
indemnizaciones millonarias sin fundamento jurídico; emplean técnicas de
marketing agresivo que desacreditan a la profesión; generan expectativas
irreales en los justiciables; practican competencia desleal mediante publicidad
comparativa ilícita; y vulneran sistemáticamente el Código Deontológico de la
Abogacía Española, el cual a ningún letrado de “a pie” se nos pase por la
cabeza conculcar…
La
ausencia de regulación efectiva
(más allá de las normas deontológicas de escasa eficacia sancionadora para los
grandes despachos) permite que estas prácticas proliferen, perjudicando tanto a
los consumidores como a los profesionales que ejercemos con ética y rigor.
La
Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad, y la Ley 29/2009, de 30
de diciembre, que modifica el régimen legal de la competencia desleal y de la
publicidad, establecen límites a la publicidad de servicios profesionales. Sin
embargo, la aplicación práctica de estas normas es deficiente, y la
autorregulación colegial resulta insuficiente frente a grandes estructuras
empresariales que operan al margen de la deontología profesional.
¿No
le interés a Ud. el grave conflicto de decenas de miles de abogados,
procuradores, médicos, arquitectos, administrativos, etc., tenemos con la
Mutualidad de la Abogacía? ¿Acaso desconoce la huelga indefinida convocada
desde noviembre de 2023 en el Servicio Público de Asistencia Jurídica Gratuita
del Turno de Oficio?
Volviendo
a su pregunta original sobre qué aspecto me parece más relevante para liderar
una firma de élite, debo manifestarle con rotundidad: «Francamente, querida, me importa un bledo».
Y
no lo digo desde el resentimiento ni desde la envidia profesional, sino desde
el análisis practico, jurídico y sociológico de lo que realmente significa
ejercer la abogacía en España en 2026.
Hasta donde me guía mi buen entendimiento el modelo
de "firma de élite" no es replicable ni deseable.
Los 22 despachos que más facturan en España operan en
un nicho de mercado absolutamente específico: Clientela corporativa de grandes empresas, fondos de inversión y
multinacionales; Operaciones de alto
valor añadido: fusiones y adquisiciones, reestructuraciones
empresariales, arbitrajes internacionales, derecho financiero, fiscal y
mercantil complejo; Estructura
empresarial sofisticada con cientos de profesionales, departamentos
especializados y presencia internacional; Inversión económica millonaria en instalaciones, tecnología,
marketing y recursos humanos.
Este modelo no
es accesible para la inmensa mayoría de los abogados, que carecemos del
capital inicial, las conexiones empresariales y las estructuras necesarias; Ni es necesario para el ejercicio
digno y eficaz de la abogacía en los ámbitos que constituyen el núcleo de la
actividad jurídica: derecho de familia, penal, laboral, civil general,
contencioso-administrativo de ciudadanos particulares, etc; Ni es deseable desde la perspectiva de
la conciliación personal, la autonomía profesional y el compromiso con una
justicia accesible.
Frente
al paradigma de las grandes firmas, existe una abogacía de proximidad, ejercida
desde estructuras pequeñas o unipersonales, que:
- Garantiza el acceso a la justicia
de ciudadanos con recursos limitados.
- Presta servicios jurídicos esenciales en materias que afectan a los derechos fundamentales:
separaciones y divorcios, custodia de menores, violencia de género,
despidos, desahucios, reclamaciones de cantidad, herencias conflictivas,
etc.
- Mantiene una relación directa y personalizada con los clientes, sin intermediarios ni
departamentos burocráticos.
- Ejerce con independencia y criterio, sin presiones corporativas ni conflictos de interés derivados de
grandes clientes.
Este
modelo de ejercicio profesional, que es el mayoritario y el socialmente más
necesario, no aparece en los reportajes sobre "carreras de éxito" ni
en los análisis sobre "aspectos relevantes para liderar firmas de
élite". Y sin embargo, constituye el verdadero pilar del sistema de
justicia.
Los
socios directores de esos despachos que más facturan y los miles de abogados
autónomos que ejercemos desde casa pertenecemos formalmente a la misma
profesión, pero nuestras realidades son tan divergentes que resulta absurdo
pretender establecer un paradigma común.
Mientras los primeros facturan millones de euros
anuales por operaciones corporativas complejas; Disponen de equipos de decenas
o cientos de profesionales; Trabajan en oficinas de diseño en las torres
empresariales más emblemáticas; Tienen acceso a formación internacional continua
financiada por la firma; y cuentan con departamentos de marketing, comunicación
y desarrollo de negocio, nosotros:
- Facturamos (cuando
facturamos) honorarios modestos por asuntos de cuantía limitada.
- Trabajamos en
solitario o con colaboraciones puntuales.
- Ejercemos desde
nuestros domicilios particulares para reducir gastos.
- Financiamos nuestra
formación continua con nuestros escasos ingresos.
- Gestionamos
personalmente la captación de clientes, la contabilidad y todos los
aspectos administrativos.
De
verdad que preguntarme sobre qué aspecto me parece más relevante para liderar
una firma de élite, me parece tan apropiado como preguntar a un agricultor de
subsistencia qué estrategia le parece más eficaz para dirigir una multinacional
agroalimentaria. La pregunta presupone una relación de aspiración o continuidad
que simplemente no existe.
Si
LinkedIn Noticias desea conocer mi opinión profesional sobre asuntos de
actualidad relevantes para la abogacía, permítame sugerirle algunas cuestiones
que sí merecen atención mediática y debate público:
1. Dignificación económica del turno de oficio: Pregúnteme
si procede una actualización inmediata de
los módulos retributivos del turno de oficio y establecimiento de mecanismos de
revisión periódica vinculados al IPC.
2. Regulación efectiva de la publicidad de servicios
jurídicos: Pregúnteme si la proliferación
de despachos sensacionalistas, plataformas digitales de captación masiva y
publicidad engañosa requiere una intervención legislativa urgente que
complemente las insuficientes normas deontológicas.
3. Protección frente al maltrato institucional: Pregúnteme
si he sufrido maltrato, descortesía o
restricciones en mi trabajo y si es aceptable en el ámbito judicial de un
Estado de Derecho.
4. Regulación de la jornada laboral y desconexión
digital: Pregúnteme por la abogacía que sufre
situaciones de explotación y ve
comprometida su salud física y mental, con notificaciones a altas horas
de la madrugada o en medio de un domingo.
5. Formación accesible y de calidad: Pregúnteme por el establecimiento de ayudas públicas
o colegiales para la formación continua de letrados con ingresos por debajo de
determinados umbrales.
6. Lucha contra la morosidad y los impagos: Pregúnteme
por los índices de morosidad superiores a
la media de otros profesionales liberales, agravados por la ausencia de
mecanismos efectivos de cobro que los abogados autónomos sufrimos (las reducciones
injustificadas de las tasaciones de nuestras costas por los LAJ; los
aproximadamente 5000€ que tengo palmados en la calle; ¿Hablamos de la carga
impositiva?).
Estimado
Miguel Ángel, le agradezco sinceramente que haya leído hasta aquí esta
respuesta, que reconozco es extensa y probablemente más combativa de lo que
esperaba. Pero creo que es necesaria.
Los
medios de comunicación, incluidas las plataformas profesionales como LinkedIn,
tienen una responsabilidad en la construcción del imaginario colectivo sobre
las profesiones. Cuando se dedican reportajes extensos a analizar las carreras
de los socios de los despachos que más
facturan, se envía un mensaje implícito: Que ese es el paradigma del éxito
profesional en la abogacía.
Y sin embargo, ese paradigma es estadísticamente
marginal. Es socialmente irrelevante para la inmensa mayoría de los ciudadanos.
Es profesionalmente inalcanzable para la inmensa mayoría de los letrados. Invisibiliza
las condiciones reales de ejercicio de la profesión. Y deslegitima otras formas
de ejercicio profesional igualmente dignas y, créame, socialmente más
necesarias.
Le invito a reflexionar sobre la posibilidad de dedicar
reportajes a los abogados que ejercen el turno de oficio con profesionalidad y
compromiso, a pesar de las retribuciones insuficientes; Los letrados autónomos
que garantizan el acceso a la justicia en zonas rurales o barrios
desfavorecidos; Los profesionales que han sufrido maltrato institucional y han
denunciado estas situaciones; Las arduas y, buenas prácticas en conciliación
personal y profesional en despachos pequeños.
Estas
realidades, aunque menos glamurosas que las torres de cristal de los grandes
despachos, reflejan la verdadera abogacía española y merecen visibilidad
mediática.
Para concluir, (como le decimos a Su Señoría, harto
ya de escuchar a otro picapleitos…) ¿Qué
aspecto me parece más relevante para liderar una firma de élite? Ninguno. Ninguno,
porque esa cuestión no forma parte de mi realidad profesional ni de la de la
inmensa mayoría de mis compañeros de profesión. Lo que sí me parece relevante
es que se visibilice, se debata y se actúe sobre las condiciones reales de
ejercicio de la abogacía en España: la precariedad económica, la explotación
laboral, el maltrato institucional, la competencia desleal y la ausencia de
mecanismos efectivos de protección profesional.
Espero
que no desee conocer mi opinión sobre otros asuntos de actualidad relevantes
para la abogacía.
Atentamente,