martes, 13 de enero de 2026

¿Cómo llegar a la cima de un bufete de élite?

Arrancar la tarde. Volver a abrir el correo por enésima vez hoy y encontrarme con esto:

 

 Estimado Miguel Ángel: 

Agradezco su contacto y la oportunidad de expresar mi opinión sobre el reportaje de El Confidencial acerca de los perfiles de los socios directores de los principales despachos españoles. No obstante, debo manifestarle con total franqueza que la cuestión planteada (¿qué aspecto considero más relevante para liderar una firma de élite?) me resulta absolutamente ajena a mi realidad profesional y, más importante aún, a la de la inmensa mayoría de los abogados ejercientes en España.

Permítame exponerle por qué su pregunta, aunque bienintencionada desde la perspectiva periodística, perpetúa una narrativa que invisibiliza y distorsiona la realidad del ejercicio de la abogacía en nuestro país. 

Soy abogado autónomo, sin despacho físico, trabajando desde mi domicilio. Mi situación no es excepcional ni marginal: representa el modelo profesional mayoritario en España. Según datos del Consejo General de la Abogacía Española, existen más de 160.000 abogados colegiados ejercientes, de los cuales una proporción minoritaria trabaja en los denominados "despachos de élite" que facturan cifras multimillonarias. 

La pregunta sobre "qué aspecto es más relevante para liderar una firma de élite" presupone que aspirar a formar parte de esa cúspide constituye el paradigma profesional deseable o, al menos, relevante para el colectivo. Esa premisa es radicalmente falsa y resulta ofensiva para quienes ejercemos la abogacía con dignidad, rigor y compromiso desde estructuras modestas o unipersonales. 

Mientras los medios de comunicación dedican reportajes extensos a analizar las carreras de los socios directores de los 22 bufetes que más facturan (preguntándose si lo determinante es la formación internacional, la permanencia en la firma o la experiencia en el extranjero), existe una realidad paralela, mayoritaria y sistemáticamente silenciada que merece atención urgente: 

Menos de 13.000 euros anuales y jornadas maratonianas sin desconexión para los abogados jóvenes, esa es la realidad económica de miles de letrados en ejercicio. Dramática. No hablamos de casos aislados, sino de una situación estructural que afecta especialmente a (i) Abogados jóvenes en sus primeros años de ejercicio, que perciben retribuciones que se sitúan por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, trabajando jornadas que superan sistemáticamente las 10-12 horas diarias.); (ii) Abogados autónomos sin estructura de despacho, (sometidos a la presión de la captación constante de clientes, la morosidad generalizada, los impagos y la competencia desleal de plataformas digitales y despachos sensacionalistas.); (iii) Letrados que ejercen el turno de oficio, cuyas retribuciones son manifiestamente insuficientes y cuyo trabajo (esencial para garantizar el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva del artículo 24 de la Constitución Española) se encuentra sistémicamente infravalorado. 

Esta realidad económica no solo afecta a la dignidad profesional, sino que compromete la calidad del servicio que podemos ofrecer a nuestros clientes y, en última instancia, el acceso real a la justicia de la ciudadanía. 

Nadie puede ignorar las jornadas maratonianas sin desconexión digital, una realidad que no afecta exclusivamente a los grandes despachos (donde al menos pudiera existir cierta compensación económica, triste consuelo…), sino también a los autónomos, sometidos a la presión constante de la disponibilidad 24/7 por temor a perder clientes. 

La ausencia de regulación efectiva sobre jornada laboral, descansos y desconexión digital en el ejercicio liberal de la abogacía constituye una vulneración sistemática de derechos laborales básicos que, paradójicamente, nosotros defendemos para nuestros clientes pero que no podemos reivindicar para nosotros mismos sin sufrir el estigma de ser considerados "poco comprometidos" o "poco competitivos". 

El 71% de los abogados ha sufrido algún tipo de maltrato, descortesía o restricción en su trabajo. Esta cifra demoledora incluye:

  • Violencia verbal y psicológica por parte de jueces, fiscales, funcionarios judiciales y otros operadores del sistema.
  • Restricciones arbitrarias en el ejercicio del derecho de defensa.
  • Descortesías sistemáticas que menoscaban la dignidad profesional.
  • Amenazas de clientes descontentos, de letrados contrarios e incluso de magistrados que abusan de su posición. 

Esta realidad, nunca aparece en los reportajes sobre las "carreras de éxito" en las grandes firmas. Sin embargo, constituye el día a día de miles de letrados que ejercemos en juzgados de toda España. 

Existe una proliferación alarmante de despachos que emplean técnicas de publicidad engañosa, captación agresiva y promesas irrealizables para captar clientes vulnerables. 

Estos despachos sensacionalistas prometen indemnizaciones millonarias sin fundamento jurídico; emplean técnicas de marketing agresivo que desacreditan a la profesión; generan expectativas irreales en los justiciables; practican competencia desleal mediante publicidad comparativa ilícita; y vulneran sistemáticamente el Código Deontológico de la Abogacía Española, el cual a ningún letrado de “a pie” se nos pase por la cabeza conculcar… 

La ausencia de regulación efectiva (más allá de las normas deontológicas de escasa eficacia sancionadora para los grandes despachos) permite que estas prácticas proliferen, perjudicando tanto a los consumidores como a los profesionales que ejercemos con ética y rigor. 

La Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad, y la Ley 29/2009, de 30 de diciembre, que modifica el régimen legal de la competencia desleal y de la publicidad, establecen límites a la publicidad de servicios profesionales. Sin embargo, la aplicación práctica de estas normas es deficiente, y la autorregulación colegial resulta insuficiente frente a grandes estructuras empresariales que operan al margen de la deontología profesional. 

¿No le interés a Ud. el grave conflicto de decenas de miles de abogados, procuradores, médicos, arquitectos, administrativos, etc., tenemos con la Mutualidad de la Abogacía? ¿Acaso desconoce la huelga indefinida convocada desde noviembre de 2023 en el Servicio Público de Asistencia Jurídica Gratuita del Turno de Oficio? 

Volviendo a su pregunta original sobre qué aspecto me parece más relevante para liderar una firma de élite, debo manifestarle con rotundidad: «Francamente, querida, me importa un bledo»

Y no lo digo desde el resentimiento ni desde la envidia profesional, sino desde el análisis practico, jurídico y sociológico de lo que realmente significa ejercer la abogacía en España en 2026. 

Hasta donde me guía mi buen entendimiento el modelo de "firma de élite" no es replicable ni deseable. 

Los 22 despachos que más facturan en España operan en un nicho de mercado absolutamente específico: Clientela corporativa de grandes empresas, fondos de inversión y multinacionales; Operaciones de alto valor añadido: fusiones y adquisiciones, reestructuraciones empresariales, arbitrajes internacionales, derecho financiero, fiscal y mercantil complejo; Estructura empresarial sofisticada con cientos de profesionales, departamentos especializados y presencia internacional; Inversión económica millonaria en instalaciones, tecnología, marketing y recursos humanos. 

Este modelo no es accesible para la inmensa mayoría de los abogados, que carecemos del capital inicial, las conexiones empresariales y las estructuras necesarias; Ni es necesario para el ejercicio digno y eficaz de la abogacía en los ámbitos que constituyen el núcleo de la actividad jurídica: derecho de familia, penal, laboral, civil general, contencioso-administrativo de ciudadanos particulares, etc; Ni es deseable desde la perspectiva de la conciliación personal, la autonomía profesional y el compromiso con una justicia accesible. 

Frente al paradigma de las grandes firmas, existe una abogacía de proximidad, ejercida desde estructuras pequeñas o unipersonales, que:

  • Garantiza el acceso a la justicia de ciudadanos con recursos limitados.
  • Presta servicios jurídicos esenciales en materias que afectan a los derechos fundamentales: separaciones y divorcios, custodia de menores, violencia de género, despidos, desahucios, reclamaciones de cantidad, herencias conflictivas, etc.
  • Mantiene una relación directa y personalizada con los clientes, sin intermediarios ni departamentos burocráticos.
  • Ejerce con independencia y criterio, sin presiones corporativas ni conflictos de interés derivados de grandes clientes. 

Este modelo de ejercicio profesional, que es el mayoritario y el socialmente más necesario, no aparece en los reportajes sobre "carreras de éxito" ni en los análisis sobre "aspectos relevantes para liderar firmas de élite". Y sin embargo, constituye el verdadero pilar del sistema de justicia. 

Los socios directores de esos despachos que más facturan y los miles de abogados autónomos que ejercemos desde casa pertenecemos formalmente a la misma profesión, pero nuestras realidades son tan divergentes que resulta absurdo pretender establecer un paradigma común. 

Mientras los primeros facturan millones de euros anuales por operaciones corporativas complejas; Disponen de equipos de decenas o cientos de profesionales; Trabajan en oficinas de diseño en las torres empresariales más emblemáticas; Tienen acceso a formación internacional continua financiada por la firma; y cuentan con departamentos de marketing, comunicación y desarrollo de negocio, nosotros:

  • Facturamos (cuando facturamos) honorarios modestos por asuntos de cuantía limitada.
  • Trabajamos en solitario o con colaboraciones puntuales.
  • Ejercemos desde nuestros domicilios particulares para reducir gastos.
  • Financiamos nuestra formación continua con nuestros escasos ingresos.
  • Gestionamos personalmente la captación de clientes, la contabilidad y todos los aspectos administrativos. 

De verdad que preguntarme sobre qué aspecto me parece más relevante para liderar una firma de élite, me parece tan apropiado como preguntar a un agricultor de subsistencia qué estrategia le parece más eficaz para dirigir una multinacional agroalimentaria. La pregunta presupone una relación de aspiración o continuidad que simplemente no existe. 

Si LinkedIn Noticias desea conocer mi opinión profesional sobre asuntos de actualidad relevantes para la abogacía, permítame sugerirle algunas cuestiones que sí merecen atención mediática y debate público: 

1. Dignificación económica del turno de oficio: Pregúnteme si procede una actualización inmediata de los módulos retributivos del turno de oficio y establecimiento de mecanismos de revisión periódica vinculados al IPC.

2. Regulación efectiva de la publicidad de servicios jurídicos: Pregúnteme si la proliferación de despachos sensacionalistas, plataformas digitales de captación masiva y publicidad engañosa requiere una intervención legislativa urgente que complemente las insuficientes normas deontológicas.

3. Protección frente al maltrato institucional: Pregúnteme si he sufrido maltrato, descortesía o restricciones en mi trabajo y si es aceptable en el ámbito judicial de un Estado de Derecho.

4. Regulación de la jornada laboral y desconexión digital: Pregúnteme por la abogacía que sufre situaciones de explotación y ve  comprometida su salud física y mental, con notificaciones a altas horas de la madrugada o en medio de un domingo.

5. Formación accesible y de calidad: Pregúnteme por el establecimiento de ayudas públicas o colegiales para la formación continua de letrados con ingresos por debajo de determinados umbrales.

6. Lucha contra la morosidad y los impagos: Pregúnteme por los índices de morosidad superiores a la media de otros profesionales liberales, agravados por la ausencia de mecanismos efectivos de cobro que los abogados autónomos sufrimos (las reducciones injustificadas de las tasaciones de nuestras costas por los LAJ; los aproximadamente 5000€ que tengo palmados en la calle; ¿Hablamos de la carga impositiva?). 

Estimado Miguel Ángel, le agradezco sinceramente que haya leído hasta aquí esta respuesta, que reconozco es extensa y probablemente más combativa de lo que esperaba. Pero creo que es necesaria. 

Los medios de comunicación, incluidas las plataformas profesionales como LinkedIn, tienen una responsabilidad en la construcción del imaginario colectivo sobre las profesiones. Cuando se dedican reportajes extensos a analizar las carreras de los socios de los  despachos que más facturan, se envía un mensaje implícito: Que ese es el paradigma del éxito profesional en la abogacía. 

Y sin embargo, ese paradigma es estadísticamente marginal. Es socialmente irrelevante para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Es profesionalmente inalcanzable para la inmensa mayoría de los letrados. Invisibiliza las condiciones reales de ejercicio de la profesión. Y deslegitima otras formas de ejercicio profesional igualmente dignas y, créame, socialmente más necesarias. 

Le invito a reflexionar sobre la posibilidad de dedicar reportajes a los abogados que ejercen el turno de oficio con profesionalidad y compromiso, a pesar de las retribuciones insuficientes; Los letrados autónomos que garantizan el acceso a la justicia en zonas rurales o barrios desfavorecidos; Los profesionales que han sufrido maltrato institucional y han denunciado estas situaciones; Las arduas y, buenas prácticas en conciliación personal y profesional en despachos pequeños. 

Estas realidades, aunque menos glamurosas que las torres de cristal de los grandes despachos, reflejan la verdadera abogacía española y merecen visibilidad mediática. 

Para concluir, (como le decimos a Su Señoría, harto ya de escuchar a otro picapleitos…) ¿Qué aspecto me parece más relevante para liderar una firma de élite? Ninguno. Ninguno, porque esa cuestión no forma parte de mi realidad profesional ni de la de la inmensa mayoría de mis compañeros de profesión. Lo que sí me parece relevante es que se visibilice, se debata y se actúe sobre las condiciones reales de ejercicio de la abogacía en España: la precariedad económica, la explotación laboral, el maltrato institucional, la competencia desleal y la ausencia de mecanismos efectivos de protección profesional. 

Espero que no desee conocer mi opinión sobre otros asuntos de actualidad relevantes para la abogacía. 

Atentamente,

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